domingo, 6 de septiembre de 2026

PROYECTO DE LEY DE MEMORIA DEMOCRÁTICA: PUDIERON PROMETER Y PROMETIERON IMPUNIDAD

Acabado el Consejo de Ministros, del 15 de septiembre de 2020, la entonces vicepresidenta del Gobierno, Carmen Calvo, comparece ante la prensa para exponer la aprobación del texto del Anteproyecto de Ley de Memoria Democrática. Después de hacer un breve recorrido por su contenido, responde a una pregunta sobre los plazos de tramitación que en tres meses se estará debatiendo en el Congreso. Esa noche, concede una entrevista radiofónica y al final de la exposición de su argumentario para defender el anteproyecto, sentencia que este es un problema muy importante y no podemos perder ni un minuto”.

Cuando Carmen Calvo dice esa frase lleva siendo vicepresidenta del Gobierno cerca de dos millones de minutos. En ese tiempo no ha puesto en marcha políticas de memoria que asegura que son urgentes y para las que no hace falta una ley, porque se pueden llevar a cabo con decisiones del poder ejecutivo. Cuando se produce el primer debate sobre el anteproyecto, el pasado 14 de octubre, no han transcurrido los tres meses que anunció en su comparecencia en Moncloa, sino catorce.

A la hora de calibrar la verdadera voluntad política que hay tras la elaboración de un nuevo texto legislativo, para una ley de la memoria, el tiempo es un termómetro fiable para medir cuánto hay de principios en las políticas hacia el pasado y cuánto hay de fines.

En la primera legislatura de Zapatero, cuando se elaboró la Ley de la Memoria 52/2007, una comisión interministerial se reunió con una treintena de colectivos de memoria histórica, incluida la Falange. Era diciembre de 2004 y por los pasillos de la Moncloa se dijo que el texto estaría en el Boletín Oficial del Estado tres meses después. Pero los que pasaron fueron tres años. El tiempo necesario para acercar la aprobación de la ley a unas elecciones generales y que el electorado escuchara a la rancia derecha, que se niega a condenar plenamente la dictadura franquista, y que eso influya en el las urnas.

Once meses después del anuncio del anteproyecto de ley se produce en el Congreso de los Diputados el primer debate. Se trata de que el Pleno decida la retirada del texto, que han solicitado el Partido Popular y Vox, y la enmienda a la totalidad que propone Esquerra Republicana de Catalunya.

El ministro de la Presidencia, Relaciones con las Cortes y Memoria Democrática, Félix Bolaños, sucesor en el cargo de Carmen Calvo, se enfrenta a la primera defensa que tendrá que hacer del texto ante la cámara. Le acompaña la incógnita de saber cómo será su discurso político con respecto a su predecesora; más o menos contundente con las consecuencias de la dictadura y con sus responsables.

Bolaños fue el negociador del Gobierno con la familia de Francisco Franco para el traslado de sus restos desde el Valle de los Caídos al cementerio de Mingorrubio. En un lamentable tira y afloja con la familia del dictador, que durante meses echó un pulso de tú a tú al Estado, no fue capaz o no quiso imponerles unas condiciones contundentes. Finalmente se llevó a cabo la escenificación de algo muy parecido a un funeral de Estado. Aquel 24 de octubre de 2019 vimos nacer un monumento franquista en pleno siglo XXI, cuando los restos del dictador fueron trasladados de un edificio de propiedad pública a otro de titularidad pública, para que sus víctimas y toda la ciudadanía sigan pagando con sus impuestos la tumba de un genocida.

Ese mismo Bolaños, ascendido a ministro, se subió a la tribuna del Congreso de los Diputados en la mañana del 14 de octubre para defender el texto de su proyecto de ley. Comenzó hablando del sonajero aparecido en una fosa en el cementerio de la Carcavilla, en la Ciudad de Palencia, como ejemplo del futuro que la dictadura les robó a las víctimas. Pero poco tardó en desvelar la filosofía del anteproyecto de ley y del uso del término memoria democrática”.

Y en el momento en el que el ministro habló de la fecha elegida por el Gobierno para que sean conmemoradas las víctimas del franquismo hizo la afirmación que mostraba definitivamente el alma de la ley. Quiero decirles que la ley no diferencia entre víctimas, quiero decirles que no discrimina a unas frente a otras, quiero decirles que lo que queremos es que todas las víctimas de la dictadura, todas las víctimas de la guerra, todas las víctimas del golpe de Estado sientan que esta ley les homenajea”.

En eso consiste el texto del proyecto de ley de memoria democrática; quiere rendir homenaje a todas las víctimas de la guerra. Una afirmación así significa que un Gobierno democrático equipara a quienes murieron dando un golpe de Estado, para construir una dictadura, con quienes se opusieron y protegieron la democracia. ¿Diría lo mismo el ministro sobre un terrorista muerto cometiendo un atentado y una persona muerta en el atentado? Es evidente que no.

El nuevo ministro no aportaba nada nuevo. Las élites ya pactaron en la transición que los franquistas eran intocables, que se quedarían con todo lo saqueado, disfrutando de una impunidad sólida y confortable. Esa cultura política construida desde la ley de hierro de la oligarquía” ha formado parte esencial de nuestro modelo democrático y en algunas ocasiones ha sido puesta en evidencia para reproducirla ante las nuevas generaciones.

Ocurrió con José Bono, que ostentaba la cartera del ministerio de Defensa en 2004. Ese año, en el desfile del 12 de octubre, el expresidente castellano manchego hizo un enorme ejercicio de incultura democrática. Sin ningún complejo ni bochorno invitó a desfilar juntos a un antiguo miembro de la División Azul y a un republicano español que participó de la liberación de París, luchando contra los nazis. Con el ruido de algunas protestas el ministro defendió que en eso consistía la reconciliación; es decir, en que el Estado otorgue el mismo reconocimiento a un soldado español del ejército nazi que a un republicano que combatió al nazismo. A lo que hay que añadir que a quienes representaba el primero obtuvieron reconocimiento, verdad, justicia y reparación durante toda la dictadura y, por lo que se ve, siguen recibiéndolo en democracia.

Hoy, esa misma cultura política, la que no distingue entre quienes causaron el daño el 18 de julio de 1936 y quienes trataron de paliarlo, redacta una ley de la memoria. En ella hablan de defender la verdad, pero no le van a mostrar a la sociedad quiénes fueron los verdugos y sólo quieren hablar de las víctimas; hablan de justicia, pero no van a juzgar a nadie por las miles de violaciones de derechos humanos de la dictadura; y repiten la palabra reparación pero no van a indemnizar a las familias de los desaparecidos, como han hecho con las de las víctimas del terrorismo, ni les van a devolver los bienes saqueados, usurpados, robados a punta de pistola.

Para explicar dónde tiene sus límites la ley lo mejor es acudir a las dos fechas que propone para conmemorar ese pasado, unidas latentemente por un mismo objetivo.

Al finalizar el largo y violento golpe de Estado iniciado por los fascistas en 1936, se exiliaron medio millón de personas huyendo de la represión franquista. A todas esas personas obligadas a expatriarse para salvar la vida hay que sumar los dos millones que cruzaron la frontera durante la década de los cuarenta, cincuenta y sesenta. Salían como emigrantes pero la inmensa mayoría de ellas pertenecían a familias republicanas, asfixiadas por la represión económica y política bajo un Estado creado por y para los vencedores.

El Anteproyecto de Ley de Memoria Democrática pretende conmemorar el recuerdo de ese exilio el 8 de mayo. Lo hace porque ese día, en 1945, fue derrotado en Europa el fascismo. ¿Qué significa eso? ¿Que el Gobierno trata de aparentar que a nosotros también nos liberaron? ¿Que los miles de exiliados que murieron después de ese día sin volver a pisar sus pueblos y los que lo hicieron 30 años más tarde lo tienen que celebrar?

Una cosa es que cualquier demócrata en el mundo se alegrara de la derrota del nazismo y otra que el exilio republicano pueda celebrar ese que no cambió en nada su condición, algo que no ocurrió hasta la muerte del dictador, cuando se abrió la puerta al regreso para algunos de los supervivientes. Entonces,  ¿por qué el Gobierno pretende conmemorar esa fecha fallida? La mejor forma de entenderlo es conocer la otra fecha elegida por el proyecto de ley.

El texto, que tardará meses en enfrentarse definitivamente a su aprobación para llegar al BOE, elige como día para conmemorar a las víctimas de la guerra y la dictadura el 31 de octubre. Lo hace para celebrar ese día del año 1978 en el que el Congreso de los Diputados aprobó el texto de la Constitución que sería sometido a referéndum el 6 de diciembre de ese año.

Lo que pretende el Gobierno es que las víctimas de la dictadura franquista festejen la aprobación de un texto constitucional que no las menciona, ni hace en su preámbulo una condena de la dictadura, ni reconoce como antecedente democrático la Segunda República. Se puede añadir que a las elecciones que configuraron el Parlamento que elaboró ese texto no pudieron presentarse partidos explícitamente republicanos, que tuvieron que cambiar sus siglas, como fue el caso de ERC; o tuvieron que dar muestras públicas de renuncia al republicanismo, como fue el caso del PCE; o fueron legalizados tras la celebración de los comicios, con lo que las élites franquistas conquistaron sin debate la instauración de una monarquía que garantizaba la continuidad y consolidación de la impunidad.

Entonces ¿por qué el Gobierno quiere celebrar como fecha del exilio la derrota del nazismo y que las víctimas del franquismo conmemoren la aprobación de la Constitución de 1978? ¿Cuál es el hilo político que hilvana esos dos hitos en el calendario que quiere resaltar el proyecto de ley del Gobierno? Lo que ocurre en ambos casos, y vincula este proyecto de ley con todo lo que dejó atado y bien atado la transición, es que no se señala ni denuncia al fascismo español.

El Anteproyecto de Ley de Memoria Democrática quiere crear un censo de víctimas de la dictadura, pero no quiere crear uno de verdugos. Pretende llevar a las aulas escolares la historia de los hombres y las mujeres que conquistaron derechos a lo largo de nuestra historia, pero seguir ocultando la de criminales de guerra, como Queipo de Llano, que animaba radiofónicamente a sus tropas a violar a mujeres como Clara Campoamor. Y además, pretende que las víctimas celebren una Constitución redactada, entre otros, por un ministro de la dictadura como Manuel Fraga. Eso se puede considerar someterlas a una autolesión para que participen en el blanqueamiento de personajes que hicieron carrera sin escrúpulos sobre las tremendas violaciones de derechos humanos de la dictadura y siguieron en la cresta de la ola política democrática gracias a que participaron en el diseño de su propia impunidad.

Cuando el ministro Bolaños habló en el Parlamento de conmemorar a todas las víctimas de la guerra por igual estaba llevando a cabo afirmaciones de 1977 en el año 2021. Si las más de cuatro décadas en las que los gobiernos españoles han sido elegidos en las urnas no han permitido acumular la experiencia necesaria y suficiente para hacer justicia a los crímenes de la dictadura, existe un profundo problema colectivo de aprendizaje democrático y fortalecimiento de la cultura de los derechos humanos. Y por mucho que desde el Gobierno se hable del sonajero de Martín, la memoria de su madre seguirá menospreciada por la equidistancia y la falta de voluntad del Estado para condenar crímenes tan horrendos y llevarlos ante la justicia.

Emilio Silva Barrera

viernes, 24 de julio de 2026

Circular del Excmo. Sr. Presidente de Cultura y Enseñanza de la Junta Técnica del Estado sobre depuraciones en Instrucción Pública (José María Pemán)

Las personas consultadas deben saber la gravísima responsabilidad en que incurren ocultando determinados extremos 

Sería indigno que al heroísmo de nuestros soldados se correspondiese en la retaguardia con la cobardía Innecesario resulta hacer presente a los señores Vocales de las Comisiones depuradoras del personal docente la transcendencia de la sagrada misión que hoy tienen en sus manos. Con pensar que la perspectiva del resurgir de una España mejor de la que hemos venido contemplando estos años, está en razón directa de la justicia y escrupulosidad que pongan en la depuración del Magisterio en todos sus grados, está dicho todo.

El carácter de la depuración que hoy se persigue no es sólo punitivo, sino también preventivo. Es necesario garantizar a los españoles, que con las armas en la mano y sin regateos de sacrificios y sangre salvan la causa de la civilización, que no se volverá a tolerar, ni menos a proteger y subvencionar a los envenenadoras del alma popular, primeros y mayores responsables de todos los crímenes y destructores que sobrecogen al mundo y han sembrado de duelo la mayoría de los hogares honrados de España. No compete a las Comisiones depuradoras el aplicar las penas que los Códigos señalan a los autores por inducción, por estar reservada esta facultad a los Tribunales de Justicia, pero sí proponer la separación inexorable de sus funciones magistrales de cuantos directa o indirectamente han contribuido a sostener y propagar a los partidos, ideario e instituciones del llamado «Frente Popular». Los individuos que integran esas hordas revolucionarias, cuyos desmanes tanto espanto causan, son sencillamente los hijos espirituales de catedráticos y profesores que, a través de instituciones como la llamada "Libre de Enseñanza", forjaron generaciones incrédulas y anárquicas. Si se quiere hacer fructífera la sangre de nuestros mártires es preciso combatir resueltamente el sistema seguido desde hace más de un siglo honrar y enaltecer a los inspiradores del mal, mientras se reservaban los castigos para las masas víctimas de sus engaños. 

Tres propuestas pueden formular las Comisiones depuradoras, conforme a la Orden de 10 de Noviembre, a saber: 

1.° Libre absolución para aquellos que, puestos en entredicho, hayan desvanecido los cargos de haber cooperado directa o indirectamente a la formación del ambiente revolucionario. 

2.° Traslado para aquellos que, siendo profesional y moralmente intachables, hayan simpatizado con los titulados partidos nacionalista vasco, catalán, navarro, gallego, etc., sin haber tenido participación directa ni indirecta con la subversión comunista-separatista, 

y 3.° Separación definitiva del servicio para todos los que hayan militado en los partidos del «Frente Popular» o Sociedades secretas, muy especialmente con posterioridad a la revolución de Octubre y, de un modo general, los que perteneciendo o no a esas agrupaciones hayan simpatizado con ellas u orientado su enseñanza o actuación profesional en el mismo sentido disolvente que las informa. 

Las comisiones depuradoras, al dirigirse a cualquier autoridad particular en demanda de informes, deberán hacerles presente la gravísima responsabilidad en que incurren para con Dios y con la Patria ocultando determinados extremos, cuando no, llegando a falsear los hechos, valiéndose de reprobables reservas mentales o sentimentalismos extemporáneos. También se ha de combatir y de hacer público, para perpetua vergüenza del que en tal falta de ciudadanía incurra, el nombre de quienes aleguen indebidamente desconocer los hechos o las personas sobre los que se interesen informes. 

Sería indigno que al heroísmo de nuestros oficiales, soldados y voluntarios que en las líneas de fuego desafían a la muerte soñando con una España mejor, correspondieran con la cobardía y falta de valor cívico las personas que gozan de la paz de las retaguardias.

Si todos cuantos forman parte de las Comisiones Depuradoras se compenetran de esta manera de pensar y la transmiten en patriótico contagio a aquellas que han de coadyuvar a su labor con sus informes, es cosa segurísima que antes de mucho tiempo en esta España que hoy contemplamos destruida, empobrecida y enlutada, una vez restaurados su genio y tradición nacional, veremos amanecer en alborada jubilosa un nuevo siglo de oro para gloria de la Cristiandad, de la Civilización y de España. 

Burgos, 7 diciembre de 1936

El Presidente de Cultura y  Enseñanza, JOSE MARIA PEMAN». 

NOTA DE LA DIRECCION 

 -De orden del Excmo. Prelado, se inserta en el Boletín la precedente Circular y se recuerda a los señores sacerdotes las normas dadas ya por S. E. Rvdma. sobre la materia. 

lunes, 1 de diciembre de 2025

ANATOMÍA DE UN EQUIDISTANTE

Desde que la plataforma de Movistar ha estrenado la serie Anatomía de un instante, coincidiendo con el 50 años de la coronación del emérito de manera sincronizada y cortesana, el autor de la novela en la que se basa, Javier Cercas, ha hecho una gira por diferentes medios de comunicación y espacios emblemáticos, incluida una sala de Congreso de los Diputados, para exculpar a Juan Carlos de Borbón de cualquier responsabilidad o participación en el golpe de Estado del 23F. 


Su gran argumento, repetido como un mantra foro tras foro, es que él asegura haber dedicado ocho o diez horas diarias, durante cuatro años de su vida a estudiar lo que ocurrió en torno a esa fecha. Teniendo en cuenta que mucha de la documentación tutelada por el Estado ha sido destruida o ha desaparecido sería interesante conocer a qué ha dedicado esas más de 6.000 horas y en qué ha invertido todo ese tiempo para alcanzar la conclusión, según él incuestionable, de que el Emérito, sucesor designado por un golpista orgulloso y confeso, no tuvo nada que ver con la organización de ese enorme susto que ordenó el pasado y el futuro de la sociedad española.

Se permite el insigne escritor, que ya lavó la imagen de uno de los fundadores de Falange, Rafael Sánchez Mazas, en su exitoso Soldados de Salamina, burlarse de quienes han  afirmado públicamente que el insigne sucesor del dictador fue promotor del evento que consolidó su jefatura de Estado no electa y envolvió su figura con  una leyenda democrática tejida con las telas embaucadoras del sastre del emperador. 

En una entrevista en el programa Hoy por Hoy, de la Cadena Ser, el 18 de noviembre de 2025, para promocionar la serie de Movistar, Javier Cercas "defendió" la inocencia de Juan Carlos de Borbón con los estos contundentes argumentos:

… “lo que ocurrió el golpe de Estado del 23 de febrero está más que claro. Si tú, si cualquiera de los que estamos aquí, cualquiera de los que nos está oyendo, dedica 4 años de su vida, 8 o 10 horas diarias, a averiguarlo, te aseguro que lo averiguas. Eso es lo que hice yo. Es muy sencillo. No hay ningún día de la historia de España sobre el que se haya escrito tanto.

Yo dediqué 4 años de mi vida, 10 horas, 8 o 10 horas diarias, solamente a este asunto. Entonces, está clarísimo. Lo que pasa, es que no interesa que esté claro. Lo que pasa es que la gente prefiere seguir hablando del enigma del 23 de febrero, de los misterios del 23 de febrero. Ahí está, esto, por eso yo escribí una novela sin ficción, querida Ángels y queridos amigos, porque me di cuenta de que esto era una inmensa ficción colectiva, o sea, un baúl de bulos y de bolas. Eso es lo que es, ¿verdad?

Mira, es muy fácil, Ángels, ¿Qué es un español o una española? Es una persona que tiene una teoría del golpe de Estado del 23 de febrero. Eso es un español, un español. Si tú no tienes una teoría del golpe de Estado del 2015, es que no eres español ni española. Esto es un montón de trolas y etcétera, pero bueno, a la gente le interesa. El papel del rey está clarísimo. En lo esencial sabemos perfectamente lo que ocurrió.

Ahora, es mucho más interesante y vende mucho más periódicos o vende mucho más series de tele, vende mucho más bolas el seguir diciendo que hay un misterio, que etcétera, etcétera, que este, que el otro. Solo nos faltan por saber algunos detalles, por ejemplo, la marca de calzoncillos del del general Armada”. 

Es interesante analizar su discurso, en el que no expone una sola fuente que acredite su argumento; un libro, un testimonio, un documento primario que pueda considerarse determinante para excluir que Juan Carlos de Borbón no participó en la organización del golpe de Estado del 23F. 

La gira sincronizada por el estreno de la serie en el 50 aniversario de la coronación del Emérito siguió con las mismas afirmaciones. 

Tres días después, en un acto promocional de la serie que se celebró en el Congreso de los Diputados, con la presencia de Pedro Sánchez, Cercas repitió el mismo argumentario, sin citar una sola fuente, repitiendo "los bulos y las bolas" y la cantidad de horas que ha dedicado a estudiar el tema. 

En este caso repite sus miles de horas dedicadas a estudiar el tema con el añadido de que se ha dirigido al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, con el que comparte mesa para pedirle que haga todo lo posible por desclasificar todos los documentos que pueda del 23F y dice: "no va a cambiar nada la interpretación del golpe de Estado porque la verdad la sabemos y los de los bulos y las bolas van a seguir contándolos"...

Su libro Anatomía de un instante ha sido desde su publicación en abril de 2009 una obra destinada a contarle a la sociedad  que su autor buceó hasta lo más profundo de lo ocurrido el 23 de febrero de 1981 y Juan Carlos de Borbón no estaba por allí.

La propuesta a Pedro Sánchez para que desclasifique la documentación de ese golpe de Estado parece evidenciar que el escritor se ha desconectado del conocimiento acerca de ese acontecimiento. En el programa Salvados del 28 de noviembre de 2021 el ex director del Centro Nacional de Inteligencia entre 2004 y 2009, antes de que Cercas publicase su libro, Alberto Saiz, explicó que "Desde el 23F han desaparecido muchos papeles,,, se eliminó documentación de los años turbios".  Eso significa que la mayoría de la documentación comprometida de lo ocurrido entonces no está localizada ni localizable y a ese hecho hay que interrogarlo y preguntar si alguien ha secuestrado esos archivos a pesar de que toda la verdad es sobradamente conocida. 



El documental Salvar al Rey, de HBO Max, se estrenó en el año 2022. En la plataforma en la que se proyecta se define como: "Una historia de espías, conspiraciones y pactos de silencio, contada en primera persona por testigos y expertos, en la que toda la maquinaria del Estado se afana por proteger a Juan Carlos I de sus propios actos y ocultar sus secretos".

Esta serie de tres documentales, que pudo costarle el puesto a un importantísimo directivo de Mediaset, incluye una escena en la que tres agente del Centro Nacional de Inteligencia (CNI) explican la participación de Juan Carlos de Borbón en el golpe del 23F y no dejan duda a su implicación. Este es el diálogo entre dos ex agentes del CNI:


En la escena el ex agente de CSID, Manuel Rey le pregunta a un compañero, Diego Camacho. 

-. Diego, tú que viviste el 23F, y lo sufriste: ¿El Rey estuvo implicado en el 23F?

 -. Totalmente. El Rey, eh, digamos, es el motor del golpe. Entonces, lo que pasa es que los reyes ni entran en los asaltos ni ejecutan nada. El tiene una frase, que lo refleja todo, que es, "A mí dádmelo hecho". Cuando se dan cuenta que todo ha sido un fracaso, él convierte una gran traición a la democracia, una gran traición a los españoles en una reforzamiento de la legitimidad democrática de la corona española que estaba muy mermada, porque la corona venía, como todos sabemos, de una designación personal de del caudillo, del generalísimo y acreditan al rey como el gran Salvador de de la democracia española, es una operación magistral de inteligencia, sí que fue una operación de inteligencia.

Javier Cercas también ha salido en tromba, como si fuera una especie de portavoz del emérito, a desmentir a estos agentes. Son otra parte de los acusados por el escritor de dedicarse a los bulos y las bolas. Su intención inmediata ha sido minusvalorar estas declaraciones de quienes formaban parte de la "inteligencia" española en 1981 y conocieron lo ocurrido presencialmente; es decir, son fuentes primarias. Y lo hace con la consistencia de un chascarrillo sin aportar nada más que un comentario que los ridiculiza. Pero lo que no ha hecho el escritor todavía es explicar por qué Juan Carlos de Borbón ha denunciado al ex presidente de una comunidad autónoma por cuestionar su honor y no lo ha hecho con quienes le señalan directamente como responsable del golpe de Estado. 


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Otros ejemplos de equidistancias: 

Pasado de rosca. Sobre Javier Cercas y Francisco Espinosa, por Sebastiaan Faber Catedrático de Estudios Hispánicos (Oberlin College, Ohio [EEUU]) y autor de “Memory Battles of the Spanish Civil War: History, Fiction, Photography” (Vanderbilt University Press, 2018).

https://conversacionsobrehistoria.info/2019/05/12/pasado-de-rosca-sobre-javier-cercas-y-francisco-espinosa/

 Francisco Espinosa. A vueltas con Javier Cercas. https://todoslosnombres.org/francisco-espinosa-a-vueltas-con-javier-cercas/

La Transición oculta: ni modélica ni pacífica, de Luis Miguel Sánchez Tostado, Ediciones Almuzara, 2021. 





domingo, 17 de noviembre de 2024

POBREZA CENSURADA: FRANCO ESCONDÍA LA MISERIA PARA MAQUILLAR SU VICTORIA

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El franquismo censuró esta fotografía de Hermes Pato de 1940. El triunfo del dictador no podía verse enturbiado por la mirada de ese padre, sus dos hijos y su hija escondida bajo la manta por ese retrato de la pobreza que explicaba lo poco que había tenido de glorioso el alzamiento nacional.

Cuando hoy algún periódico extranjero como The New York Times retrata en sus páginas la dureza de la crisis, el Gobierno de España protestaba afirmando que era una exageración. El Partido Popular piensa que aunque haya generado millones de pobres tenemos que comportarnos como si todavía fuéramos el milagro económico español.

La vergüenza de los pobres es la desvergüenza de los ricos. Mientras decenas de miles de familias apagan el termostato de la calefacción por no poder pagar suministros energéticos, el número de ricos en nuestro país aumenta un 40% en los últimos cinco años.

Padres que recogen comida en los colegios de sus hijos cuando no los ven otros padres, personas que pasan hambre por no ir a un banco de alimentos, hombres y mujeres que callan su pobreza. El silencio de la gente corriente siempre protege a los verdugos y a los reyes de la avaricia. ¿Cómo seria la política en nuestro país si la pobreza hablara?

 




domingo, 12 de mayo de 2024

COMO SI FUERA UNA CLASE

 

A primera vista te digo que podría ser la clase; eso, una clase de un colegio en la que quizá aprendieron a leer, a multiplicar o decir esternocleidomastoideo sin que les tropiece la lengua. Allí los llevaban desde casa. Iban bien cogidos de la mano de papá o mamá cuando eran pequeños y necesitaban todo su cariño y protección. Si fuera así, allí llegarían con el estuche, algún libro, con el cuaderno de los deberes y con un balón de fútbol o baloncesto, para jugar luego en el patio con los amigos. 

 

Pero si me fijo te diría que más bien parece una habitación algo extraña, por no decir desolada. Me llama especialmente la atención lo despejadas que tiene las paredes; no hay ni un reloj, ni un póster de un paisaje en el que se pueda ver una playa junto al mar,  un esquimal saliendo de un iglú o la típica fotografía de la naturaleza en la que un hámster le quita la cáscara a una pipa y sobre él revolotea una traviesa mariposa a punto de posarse en una diminuta flor. Tampoco hay muebles, ni sillas, ni mesas, ni una estantería en la que colocar alguna cosa.


Fotografía: Clemente Bernad

(Fotografía: Clemente Bernad).

 

Si me fijo aún con más detalle veo que encima de uno de los zócalos hay dos enchufes, junto a un cable que sale de la pared, con el que algún día conectaron una televisión o un ordenador. Eso sí, todo lo imagino en silencio, sin una música de fondo, sin el sonido de un coche que acelera cerca, de alguien que empieza a cantar al pasar por la acera o el ladrido de un perro que trata de soltarse de la correa con la que quieren que no escape.

 

Detengo mi mirada en la parte derecha y observo con detalle la esquina del marco de una ventana tras la que me imagino un jardín con algunas flores, una piscina llena de agua fresca donde los niños y las niñas se bañan durante las vacaciones, se ponen a bailar antes de saltar al agua o señalan un cielo intensamente azul en el que algún día de calurosa lluvia observaron un arcoíris que parecía el borde de media pizza hecha con regalices de colores.

 

Entre las cuatro paredes hay dieciocho niños de distintas edades. Algunos son de primaria y otros de bachillerato. No parece que estén así reunidos por amistad o porque vayan a compartir algún tipo de diversión. Si repaso sus rostros uno a uno observo que ninguno de ellos tiene gafas; será por falta de dinero para comprarlas, porque alguien ha decidido retirárselas de la cara  o porque ya no las necesitan para leer.

 

Todos están tumbados en el suelo, como si fueran a dormir. Pero no es un juego; alguien los ha colocado allí con amor y ha cerrado sus párpados con cariño. Si mi oído pudiera sobrevolar sus cuerpos no escucharía el latido de ningún corazón, aunque pusiera mi cabeza sobre unos de sus pulmones. El silencio que imagino en aquel lugar es denso,  penetrante y angustioso, capaz de congelar cualquier felicidad.

 

Podría pensar que juegan a hacer que están dormidos hasta que leo los dos renglones que hay escritos bajo la fotografía que llevo mirando todo este tiempo. "Cientos de niños y otros civiles muertos tras un ataque químico del ejército sirio, según la oposición". Eso quiere decir que han respirado un gas que asfixia la paz; ahora lo entiendo todo.


Emilio Silva Barrera


Del libro Imagina cuántas palabras https://alkibla.net/imagina-cuantas-palabras/

sábado, 30 de marzo de 2024

TRIBUNA:¿QUÉ HACER CON LA MEMORIA DEL FRANQUISMO? TRIBUNA i UN PASADO SUPERADO

 MANUEL ATENCIA ROBLEDO

El pasado 20 de noviembre se debatieron cinco iniciativas de distintos Grupos Parlamentarios en la Comisión Constitucional del Congreso de los Diputados que tenían en común el análisis de situaciones que tienen su origen en la guerra civil española y el régimen instaurado con posterioridad a aquélla. Quienes intervinimos en este debate, recordamos que la Constitución de 1978, próxima a cumplir 25 años de vigencia, y llamada por todos, con indudable acierto, como la Constitución de la Concordia, intentó poner punto final a un trágico pasado de enfrentamiento civil entre los españoles, y destacamos que, por fortuna, en 1978 una generación de españoles -a la que las generaciones posteriores debemos reiterar nuestro reconocimiento y agradecimiento- decidieron no volver a cometer los viejos errores, mirar hacia delante y apostar, con un generoso impulso de reconciliación, por un nuevo sistema democrático para que nunca más hubiera dos Españas irreductiblemente enfrentadas.

Tras el referido debate, se aprobó una resolución por unanimidad mediante la que el Congreso de los Diputados -al cumplirse el vigésimo quinto aniversario de las primeras elecciones libres- ha reiterado que nadie puede sentirse legitimado para utilizar la violencia para imponer sus convicciones políticas y establecer regímenes totalitarios contrarios a la libertad y a la dignidad de todos, dejando de manifiesto además que es conveniente para nuestra convivencia democrática mantener el espíritu de concordia y reconciliación que presidió la elaboración de la Constitución y que facilitó el tránsito pacífico de la dictadura a la democracia. Asimismo, en la resolución aprobada en la referida sesión de la Comisión Constitucional, se reafirmó el reconocimiento moral de todas las víctimas de la guerra civil, así como de cuantos padecieron la represión del régimen franquista. Y por último, se instó al Gobierno al desarrollo de una política integral en relación con los exiliados de la guerra civil y con los llamados niños de la guerra, que incluya la recuperación, en su caso, de la nacionalidad española.

En términos formales, la resolución aprobada de forma unánime por el Congreso de los Diputados lo que hace es, recuperando el mismo espíritu que animó a nuestros constituyentes y que hizo posible pasar del régimen autoritario a otro de libertades con el consenso de las fuerzas políticas y del conjunto del pueblo español -y alcanzar el pacto constitucional como cimiento firme sobre los que se ha asentado nuestra hoy consolidada democracia española-, poner punto final a un rosario de iniciativas parlamentarias que sobre la guerra civil y sus consecuencias se han debatido, o estaban pendientes de debatir en nuestras cámaras legislativas. Pero, lo que me parece más relevantes es que, en términos políticos, como se destacó en el propio debate y era la voluntad del conjunto de los grupos del arco parlamentario español, la guerra civil y sus consecuencias ya no se podrá utilizar como arma política, ya no estará más ni en la estrategia política ni en la confrontación entre las distintas formaciones políticas. Si algo no había quedado suficientemente resuelto durante nuestra ejemplar transición política a la democracia, y los años posteriores, ahora se completaba con ocasión de cumplirse este aniversario de las primeras elecciones democráticas. Y todo ello se hace desde la integración, no desde la confrontación. Se hace desde el consenso, desde la integración y para la integración en nuestra democracia consolidada, en los 25 años de democracia y en nuestra Constitución de la Concordia.

Por ello, cuando se pregunta sobre qué hacer con la memoria del franquismo hay que decir, en primer lugar, que el deseo de los constituyentes se ha hecho realidad, que se ha superado la vieja dicotomía de las dos Españas, que reflejaba el lamento de Antonio Machado: "Españolito que vienes al mundo te guarde Dios, / una de las dos Españas ha de helarte el corazón". Y, en segundo lugar, que la sociedad española del año 2002 tiene superada la terrible guerra civil del siglo pasado que dividió descarnadamente a los españoles -de la que ya han transcurrido más de 66 años-, así como las secuelas de la misma. Y la tiene superada porque el pasado reciente se ha construido entre todos, con espíritu de reconciliación y con voluntad de concordia, porque el futuro está en nuestras manos y porque, además, un número cada vez mayor de españoles sólo ha conocido la democracia. Cada cual tendrá el recuerdo que quiera, o pueda tener, pero lo más relevante es que tanto la guerra civil como el régimen autoritario del general Franco están en la historia para que puedan ser analizados, serenamente, por los historiadores. Y estos acontecimientos, junto con otras etapas aún cercanas, pero superadas, de nuestro caminar como pueblo, estén presentes para no volver a repetir viejos errores, pero que, con lo bueno y lo menos bueno de todos nuestros aconteceres históricos, tienen que ser asumidos por todos como parte de nuestra historia común. La sociedad española ve el régimen anterior como un régimen autoritario, no democrático, y como una página, también, pasada de nuestra historia. La sociedad española prefiere quedarse con el ejemplo que nos dieron los que estando dentro del régimen anterior apostaron por su evolución por la vía de la reforma, y los que desde fuera, desde la oposición democrática al franquismo, lucharon por la libertad y la democracia, y que, con el auspicio del rey Juan Carlos, encontraron un punto de encuentro que permitió una salida democrática, de reconciliación, de concordia y de paz que posibilitó las primeras elecciones libres de 1977, la Constitución y la mayor etapa de estabilidad democrática de nuestra historia.

Es tiempo ya de dejar de mirar atrás para dedicar toda nuestra atención y nuestros esfuerzos a los retos que tiene planteada España, y todo ello en beneficio de todos, en beneficio de las víctimas y en beneficio de las futuras generaciones. El pasado para los investigadores y los historiadores, como todos los sucesos del siglo XX: la Monarquía restablecida, la dictadura de Primo de Rivera, la II República..., con sus errores y sus aciertos. Y con éstos, también, desde hace 25 años, y ahora, la guerra civil y el régimen del general Franco.

El pasado 20 de noviembre se debatieron cinco iniciativas de distintos Grupos Parlamentarios en la Comisión Constitucional del Congreso de los Diputados que tenían en común el análisis de situaciones que tienen su origen en la guerra civil española y el régimen instaurado con posterioridad a aquélla. Quienes intervinimos en este debate, recordamos que la Constitución de 1978, próxima a cumplir 25 años de vigencia, y llamada por todos, con indudable acierto, como la Constitución de la Concordia, intentó poner punto final a un trágico pasado de enfrentamiento civil entre los españoles, y destacamos que, por fortuna, en 1978 una generación de españoles -a la que las generaciones posteriores debemos reiterar nuestro reconocimiento y agradecimiento- decidieron no volver a cometer los viejos errores, mirar hacia delante y apostar, con un generoso impulso de reconciliación, por un nuevo sistema democrático para que nunca más hubiera dos Españas irreductiblemente enfrentadas.

Tras el referido debate, se aprobó una resolución por unanimidad mediante la que el Congreso de los Diputados -al cumplirse el vigésimo quinto aniversario de las primeras elecciones libres- ha reiterado que nadie puede sentirse legitimado para utilizar la violencia para imponer sus convicciones políticas y establecer regímenes totalitarios contrarios a la libertad y a la dignidad de todos, dejando de manifiesto además que es conveniente para nuestra convivencia democrática mantener el espíritu de concordia y reconciliación que presidió la elaboración de la Constitución y que facilitó el tránsito pacífico de la dictadura a la democracia. Asimismo, en la resolución aprobada en la referida sesión de la Comisión Constitucional, se reafirmó el reconocimiento moral de todas las víctimas de la guerra civil, así como de cuantos padecieron la represión del régimen franquista. Y por último, se instó al Gobierno al desarrollo de una política integral en relación con los exiliados de la guerra civil y con los llamados niños de la guerra, que incluya la recuperación, en su caso, de la nacionalidad española.

En términos formales, la resolución aprobada de forma unánime por el Congreso de los Diputados lo que hace es, recuperando el mismo espíritu que animó a nuestros constituyentes y que hizo posible pasar del régimen autoritario a otro de libertades con el consenso de las fuerzas políticas y del conjunto del pueblo español -y alcanzar el pacto constitucional como cimiento firme sobre los que se ha asentado nuestra hoy consolidada democracia española-, poner punto final a un rosario de iniciativas parlamentarias que sobre la guerra civil y sus consecuencias se han debatido, o estaban pendientes de debatir en nuestras cámaras legislativas. Pero, lo que me parece más relevantes es que, en términos políticos, como se destacó en el propio debate y era la voluntad del conjunto de los grupos del arco parlamentario español, la guerra civil y sus consecuencias ya no se podrá utilizar como arma política, ya no estará más ni en la estrategia política ni en la confrontación entre las distintas formaciones políticas. Si algo no había quedado suficientemente resuelto durante nuestra ejemplar transición política a la democracia, y los años posteriores, ahora se completaba con ocasión de cumplirse este aniversario de las primeras elecciones democráticas. Y todo ello se hace desde la integración, no desde la confrontación. Se hace desde el consenso, desde la integración y para la integración en nuestra democracia consolidada, en los 25 años de democracia y en nuestra Constitución de la Concordia.

Por ello, cuando se pregunta sobre qué hacer con la memoria del franquismo hay que decir, en primer lugar, que el deseo de los constituyentes se ha hecho realidad, que se ha superado la vieja dicotomía de las dos Españas, que reflejaba el lamento de Antonio Machado: "Españolito que vienes al mundo te guarde Dios, / una de las dos Españas ha de helarte el corazón". Y, en segundo lugar, que la sociedad española del año 2002 tiene superada la terrible guerra civil del siglo pasado que dividió descarnadamente a los españoles -de la que ya han transcurrido más de 66 años-, así como las secuelas de la misma. Y la tiene superada porque el pasado reciente se ha construido entre todos, con espíritu de reconciliación y con voluntad de concordia, porque el futuro está en nuestras manos y porque, además, un número cada vez mayor de españoles sólo ha conocido la democracia. Cada cual tendrá el recuerdo que quiera, o pueda tener, pero lo más relevante es que tanto la guerra civil como el régimen autoritario del general Franco están en la historia para que puedan ser analizados, serenamente, por los historiadores. Y estos acontecimientos, junto con otras etapas aún cercanas, pero superadas, de nuestro caminar como pueblo, estén presentes para no volver a repetir viejos errores, pero que, con lo bueno y lo menos bueno de todos nuestros aconteceres históricos, tienen que ser asumidos por todos como parte de nuestra historia común. La sociedad española ve el régimen anterior como un régimen autoritario, no democrático, y como una página, también, pasada de nuestra historia. La sociedad española prefiere quedarse con el ejemplo que nos dieron los que estando dentro del régimen anterior apostaron por su evolución por la vía de la reforma, y los que desde fuera, desde la oposición democrática al franquismo, lucharon por la libertad y la democracia, y que, con el auspicio del rey Juan Carlos, encontraron un punto de encuentro que permitió una salida democrática, de reconciliación, de concordia y de paz que posibilitó las primeras elecciones libres de 1977, la Constitución y la mayor etapa de estabilidad democrática de nuestra historia.

Es tiempo ya de dejar de mirar atrás para dedicar toda nuestra atención y nuestros esfuerzos a los retos que tiene planteada España, y todo ello en beneficio de todos, en beneficio de las víctimas y en beneficio de las futuras generaciones. El pasado para los investigadores y los historiadores, como todos los sucesos del siglo XX: la Monarquía restablecida, la dictadura de Primo de Rivera, la II República..., con sus errores y sus aciertos. Y con éstos, también, desde hace 25 años, y ahora, la guerra civil y el régimen del general Franco.