miércoles, 10 de mayo de 2017

ERA EL 10 DE MAYO DE 1936 Y CON TOTAL NORMALIDAD SE ELIGIÓ AL PRESIDENTE DE LA SEGUNDA REPÚBLICA. FALTABAN DOS MESES PARA EL GOLPE DEL 18 DE JULIO.

por @Emilio_Silva_


Era el 10 de mayo de 1936. Faltaban dos meses para que un sector golpista del ejército, parte de la banca española y la jerarquía católica atentaran contra la democracia para destruirla y secuestrarla durante cuarenta años.


Era como decía el 10 de mayo de 1936 y en el Palacio de Cristal del Parque de Retiro 1000 personas iban a elegir al presidente del Gobierno de la república Española. Diputados y compromisarios elegidos por sufragio universal estaban allí para realizar un acto más de aquella vida democrática. 

En las calles de España no se produjeron disparos, ni tumultos, ni ardieron edificios religiosos, ni entraron pistoleros en el Parlamento. La vida transcurría con la normalidad de cualquier democracia europea de aquellos años. Pero el fascismo español ya estaba agazapado, esperando la señal, el grito del Caudillo, el momento pactado para destrozar aquella democracia que tanto había costado construir y que tanto estaba haciendo avanzar a los que nunca habían avanzado.

Era 10 de mayo de 1936 y el elegido como presidente, en ese acto democrático fue Manuel Azaña, con 754 votos a favor. Nadie denunció un pucherazo, nadie pidió que se repitiera la votación o reclamó más transparencia en el recuento. Se propuso, se aprobó y se le comunicó al electo presidente de la república que no estaba presente. Apenas se oyó a un diputado de la CEDA que ante la nueva victoria del Frente Popular gritó un lánguido ¡Viva España!


Era el 10 de mayo de 1936 y las hemerotecas están llenas de noticias de lo que ocurrió ese día, los archivos guardan fotografías, documentos, textos de periodistas que contaron lo ocurrido desde diferentes lineas editoriales. Mucha información que por alguna razón nunca llega a los libros de texto, ni a los telediarios. Normalidad democrática que reflejan muy bien las imágenes. Mucha información que nunca nos han contado, porque las élites que han diseñado nuestros programas de educación en la recuperada democracia han preferido machacarnos con la imagen de una iglesia ardiendo, la de un pistolero y algún acto violento. Buscaban construir la memoria colectiva de un tiempo convulso para que el golpe de Estado del 18 de julio de 1936 pareciera justificado. 

Era el 10 de mayo de 1936 en una democracia no tan lejana aquel día de la del 10 de mayo de 2017.
Proclamación del nuevo presidente de la república, que se presenta públicamente ante la ciudadanía en lo que hoy conocemos como Palacio Real y entonces se llamaba Palacio Nacional. En las calles desfiles y ciudadanía asistiendo a los acontecimientos. Pero en los pliegues del país, en las grandes sacristías, en las cenas de banqueros, se estaba decidiendo la solución final española, la desaparición de miles de civiles progresistas y todas las violaciones de derechos humanos sobre las que la élite del fascismo nacional católico construyó una vida de privilegios que familiarmente han conservado hasta hoy.



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