sábado, 18 de febrero de 2017

LA REPUGNANTE DOBLE MORAL DE LAS ÉLITES ESPAÑOLAS EN MATERIA DE DERECHOS HUMANOS

Entre el viejo polit buró de la transición, Albert Rivera, representando
que es más de lo mismo. 

1-. Las personas que aparecen en esa fotografía viven en un país en el que las cunetas esconden 114.226 desaparecidos de una dictadura. Ninguna de ellas ha movido un solo dedo para llevar justicia a sus familias. Alguno de ellos incluso (Aznar y Gallardón) han movido manos para echar alguna palada de tierra sobre ellos, para que estén más lejos de recuperar su identidad.

2-. El edificio de la Puerta del Sol fue durante años un terrible centro de tortura de la dictadura franquista, la sede de la terrible Dirección General de Seguridad. Allí fueron ilegalmente detenidos y apaleados estudiantes, militantes, homosexuales y todo tipo de disidentes del régimen fascista del general Franco. En 40 años de democracia, mientras ese edificio ha sido la sede de la presidencia de la Comunidad de Madrid, ningún gobierno autonómico ha accedido a colocar en su fachada una placa que recuerde aquel hecho. La primera vez que el edificio exhibió la imagen de un preso fue por decisión del "ala moderna" del PP, Cristina Cifuentes, para presentar un libro de Leopoldo López.


3-. En el año 2015 fueron asesinados en Colombia 69 defensores de los derechos humanos. La mayoría de esos crímenes quedaron impunes. A ellos hay que sumarles intentos de asesinato, amenazas, lesiones y otras muchas formas de presionar a quienes han dado un paso al frente y ser han comprometido a denunciar las violaciones de derechos humanos.  Desde finales de 2014, el ex presidente del gobierno español, Felipe González, sumó a su nacionalidad española la nacionalidad colombiana. ¿Alguien ha oído sus campañas contra esos crímenes en Colombia mientras el disfruta de su maravillosa mansión en Cartagena de Indias?


4 y fin -. Quienes denuncian las violaciones de derechos humanos en unos determinados países y hacer la vista gorda en otros, están contribuyendo a la construcción de una terrible desigualdad; actuar como si esos derechos no fueran universales y los mismos delitos fueran denunciables en unos casos y en otros no. Quienes no han hecho nada por resolver las enormes violaciones de derechos humanos de la dictadura franquista en su país, no merecen ninguna credibilidad cuando van por el mundo señalando a gobiernos en cuyos territorios las empresas energéticas con las que colaboran tienen grandes intereses. No denuncian a Colombia, ni a Arabia Saudí, ni la aplicación de la pena de muerte en Estados Unidos o las cárceles secretas de la CÍA. Son un producto político y cultural de la cultura franquista y de una transición que no puso límites a todo lo que había hecho la élite que convirtió el regreso de la democracia en una puerta giratoria.

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